TENGO DOS HIJOS Y QUIERO UN TERCERO!

No, no te da miedo volver a vivir un trabajo de parto, tampoco te mortifica no poder dormir nuevamente en las noches, y mucho menos te preocupa volver a tener los síntomas del embarazo. Ya has pasado por dos embarazos, por dos partos, por dos lactancias, y por dos maternidades totalmente diferentes. Sin embargo, ahora que tienes a dos “hijos grandes” y con cierta independencia y madurez paralela a su edad, no se te quita de la cabeza volver a pasar por la maravillosa experiencia de convertirte por tercera vez en madre.

Muchas personas saltarán y criticarán, si apenas puede con uno, ahora quiere otro, escuchas entre dientes. El mundo ya no está para más población dicen otros, qué hijos le dejaremos al mundo o qué mundo les dejaremos a nuestros hijos, se murmura por ahí. Y tienen razón, pero alguna vez leí por ahí, que cada hijo te hace ser mejor persona, y es cierto, la personalidad de cada hijo te hace ver las cosas desde otro ángulo, desde la nobleza, pureza e inocencia de un niño, lo que nosotros los adultos percibimos no tiene nada que ver en cómo perciben ellos el mundo, los niños son sencillos, no se complican y viven el momento, eso es lo que les deberíamos aprender.


Además, con cada hijo fue, es y será una experiencia diferente. Con el primero, compraste hasta lo que no y el 80% no lo necesitaste, gastaste de más y terminaste regalándolo. Con el segundo, aprendiste a economizar, la ropa, los juguetes y accesorios, los reciclaste y te diste cuenta que un bebé no necesita objetos extravagantes para divertirse. Y estoy segura que con un tercero, ya con dos experiencias previas, se logra llegar a una maternidad más consciente tanto en cuestión material como emocional. Esa cuna estrafalaria que compraste con tu primer hijo se usó a lo mucho cinco veces, te diste cuenta que haciendo colecho todos descansaban mejor. Esa andadera con un montón de juguetes de colores que ya no usaste con tu segundo hijo porque te informaste y aprendiste que lo mejor es el gateo. Esos diez biberones junto con su esterilizador y calentador que se quedaron nuevos porque descubriste que la lactancia era lo mejor y más natural para tu bebé.


Ya te deshiciste de la mayoría de cosas de bebés, todavía conservas cierta ropa y juguetes con la esperanza de que un tercero los vuelva a usar. Eres joven para volver a embarazarte, y tienes todavía la paciencia necesaria para volver a criar. Pero algo, muy adentro de ti, te hace dudar, tal vez las personas tienen razón, si ya tienes dos, para qué quieres un tercero, volver a empezar es demandante. Y por otro lado piensas, cuando mis hijos mayores sean aun más mayores y ya no necesiten tanto de mi, todavía tendré a un pequeño que me acompañe y llene mis días de actividades, y dices, seguramente el tercero ahora sí se parecerá a mi. La decisión es difícil, la presión social también lo es, así como cuando te casaste, antes de saludarte todos te preguntaban que para cuando el bebé, lo tuviste y apenas había cumplido el año y te preguntaban en cada reunión familiar que para cuando el hermanito, y ahora las mamás primerizas te piden consejos y te dicen que cómo le haces para siempre verte impecable, arreglada, con casa limpia y con dos hijos...


Ahora es diferente, sientes la casa silenciosa, llena, pero silenciosa, cada uno de tus hijos en su recámara, jugando muy tranquilamente. Ya no escuchas con desesperación la palabra mamá cada cinco segundos ni tampoco ves la casa hecha un desorden recién acabada de limpiar (bueno a veces sí). Tus hijos ya no son infantes, ya están en la etapa de la niñez, ambos ya en primaria, obviamente necesitan todavía cuidado y atención, pero saben de cierta manera, regular sus emociones. Tu niña grande te ha dicho en varias ocasiones que quisiera un bebé en casa, ella es muy protectora y le gusta cuidar, pero a tu niño pequeño no le encanta la idea de un miembro más en la familia, a él le gusta ser el pequeñito de la casa. Tu esposo se va más por el lado económico, los hijos a partir de que entran a la escuela, se vuelven muy caros, y lamentablemente es la verdad. Sin embargo, recuerda que la decisión no está en nadie más que en tu pareja y en ti, y que la descendencia siempre es una bendición.


Escrito por: Gabriela García (Mamá de 2, Psicóloga, Educadora Perinatal-Doula y Asesora en Lactancia)




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