QUIEN TE CUIDA A TI


Cuando nos convertimos en madres, automáticamente nos convertimos en cuidadoras. No quiero decir que antes no lo fuéramos, también lo éramos pero en otro sentido, sin embargo, ahora estamos casi al cien por ciento del cuidado de un pequeño ser humano. Todo el día el bienestar de esa personita indefensa y demandante depende de nosotras. De cierta manera, lo que le pase o deje de pasar va a ser nuestra responsabilidad. Además de sentirnos las mujeres más dichosas por ser madres, también esa dedicación conlleva agotamiento, frustración y desesperación. Es entonces cuando surge la interrogante, y ¿quién nos cuida a nosotras?.


En el postparto (en otro artículo hablo a fondo de él), generalmente nuestras propias madres (o la mujer con la que tengas más confianza y apego) son las que se encargan de nuestro cuidado. Es común que ella se traslade a nuestro hogar por días, semanas o hasta meses, para cuidarnos cuando acabamos de ser mamás. Nos apoya con los cuidados del recién nacido, nos ayuda con las tareas de la casa en cuestión de limpieza, orden y comida. Nos ayuda en nuestros cuidados postparto, nos protege en esos días tan vulnerables y difíciles. El padre en este periodo igual juega un papel muy importante como cuidador y proveedor. A la vez igual apoya en el cuidado del bebé y ejerce su paternidad al igual que la madre ejerce su maternidad.


Si lo vemos desde otro ángulo, el postparto dura toda la vida. Después de ser madres ya no volvemos a ser las mismas. Por tal motivo, es primordial cuidarnos a nosotras mismas para poder cuidar mejor a nuestros hijos. Recuerda que cuando estás bien en todos los aspectos, podrás llevar de mejor forma y más consiente tu maternidad. Cuando nos damos un espacio para dedicarlo a nosotras mismas, todo fluye de mejor manera. Hay más paciencia, tolerancia, y comprensión.


Nadie te va a cuidar más que tú a tí misma. Podrás tener cerca a mucha gente que te ama, pero solo tu sabes lo que necesitas. Procura hacer un espacio para dedicarlo a tu persona, sin interrupciones para realizar algo que te guste. Por ejemplo, leer un libro, hacer ejercicio, salir de compras con tu mejor amiga, hacerte manicura o pedicura, asistir a un spa, ir a nadar o a correr, comprarte ropa para ti, ver una serie o película que tu elijas, hasta posteriormente irte de vacaciones unos días, etcétera. Esas acciones podrían parecer muy sencillas cuando no se es madre, pero cuando ya lo somos, tomar la decisión de hacerlas cuesta mucho trabajo pues es dejar a tu tesoro más grande al cuidado de otros.


Recuerda, ante todo, no siempre ponerte en segundo lugar. Sabemos que lo más importante siempre son tus hijos, pero sino te cuidas tu primero, ¿quien más los cuidará de mejor manera que tú?. Acepta el apoyo de familiares y amigos, permite esa ayuda que te ofrecen. Deja que el padre de tu bebé lleve a cabo su paternidad a su manera, aunque no sea igual a la tuya, aunque tengan diferentes maneras de resolver un problema. Intenta ser flexible en la crianza que tanto tú como él practiquen. Deja a un lado la aprensión por querer controlar todo, cuida de ti, cuida tu cuerpo, cuida tu mente. Nunca olvides que esa personita que tanto depende de ti, quiere que estés bien y sana. Y eso solo se logra cuidándote primero a ti misma antes que a los demás.



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