ME CONVERTÍ EN LA FOTÓGRAFA DE LA FAMILIA


Una parte de mi la dice con orgullo y la otra parte la dice con resignación: desde que soy madre me he convertido en la fotógrafa de la familia. Y sí, amo fotografiar a mi familia, amo capturar cada momento que a mi parecer lo quiero recordar. Amo tomarles fotos a mis hijos así nada mas por que sí, porque me gusta como se ven, porque están estrenando ropa, zapatos o algún accesorio, porque están haciendo algo lindo, porque simplemente son mis hijos y los amo. Pero la otra parte de mi, en mi interior dice, y ¿a qué hora saldré yo?, ¿qué dirán mis hijos cuando sean más grandes y vean que casi yo no salgo en las fotos?, ¿pensarán que no estaba presente o acompañándolos?, ¿y si en lugar de fotografiar, mejor me enfoco más en vivir el momento sin capturarlo?.


Desde que me convertí en mamá, tengo infinidad de fotos de ellos. No soy fotógrafa profesional ni mucho menos, pero con los años he aprendido a tomar cada vez fotos de mejor calidad. Como familia, hemos tenido varias sesiones en estudio, las cuales me han encantado, y en donde afortunadamente sí salgo yo. Pero verdad que así como yo ¿tu igual quisieras ser fotografiada en tu vida diaria, en tu maternidad, en tu rutina, sin poses, al natural?. Le he dicho varias veces a mi esposo que me capture con nuestros hijos, pero la verdad rara vez lo hace. Las fotos que tengo con ellos me las tengo que tomar yo en modo de selfie, seguramente a ti te pasa lo mismo.


Por otro lado, pienso, ¿y si dejo de tomar fotos y me enfoco en el momento?. Sabemos que las experiencias significativas se almacenan en nuestro cerebro como recuerdo trascendental. Muchos de los momentos más importantes de nuestras vidas, no los tenemos en fotografía, pero al recordarlos, aparece la imagen en nuestra mente como si hubiera sido ayer.


Les platico brevemente, cuando nació mi hija mayor, no capturamos ninguna imagen digital de su nacimiento. En ese entonces, mi esposo y yo acordamos no tomar ninguna foto ni del trabajo de parto ni de su nacimiento, pues para nosotros era un momento muy íntimo en el que solo queríamos guardarlo en nuestras mentes y corazones sin que nadie más lo viera. Mi niña, como lo he mencionado en otros artículos, nació en agua, y bien las fotos que pudimos haber capturado hubieran sido indescriptibles. Ahora, solo nos queda el recuerdo en nuestro cerebro, no nos arrepentimos de ello, sin embargo, nuestra hija nos ha preguntado que por qué no tenemos fotos de cuando nació, lo que hacemos es platicarle y mostrarle algunas fotos del nacimiento de su hermano que de igual forma fue en agua.


En el inicio de este artículo, comenté que además de sentirme orgullosa de ser la fotógrafa familiar, también me siento resignada. Y sí, resignada porque sé que por mi forma de ser, no puedo dejar de tomarles fotos. Siento que no capturar el momento indicado es un desperdicio. Estoy segura que esto igual les pasa a ustedes, el carrete de su celular está lleno de fotos de sus hijos. Tomamos 10 fotos de un mismo momento, según nosotras, para elegir la mejor y borrar las demás (que la mayoría de las veces no las borramos y siguen ocupando un espacio en la memoria de nuestro celular).


Mientras nos quedamos con la satisfacción de tener evidencia de los momentos de nuestras vidas. De tener esos recuerdos almacenados y podérselos mostrar a nuestros hijos cuando sean mayores. De “presumir” lo hermosos y talentosos que son en redes sociales. De compartir nuestros momentos de felicidad. Pues para eso es la vida, para vivirla y quedarnos con lo mejor de ella…





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