CARTA A MI MAMÁ QUE NO VIVE EN LA MISMA CIUDAD QUE YO

Tal vez nunca te lo he dicho, tal vez siempre te he dado a entender que me las puedo arreglar yo sola sin tu ayuda, tal vez me percibes poderosa y como la mejor mamá. Pero madre, me duele decirte esto, a veces siento que se me viene el mundo encima, que se me sale de las manos poder controlar a dos niños a la vez en plena discusión, y que aunque me veo como la mejor madre en redes sociales, la verdad es que no siempre es así. En cada momento y en cada paso que doy con mis hijos, me haces falta, me hace falta tu consejo, tu compañía, tu presencia, tu apoyo. No te estoy recriminando nada, al contrario, agradezco a la vida que seas mi madre y de tenerte, aunque no vivamos en la misma ciudad, saber que estarás a la distancia cuando te necesite y vendrás a verme para darme ese abrazo que tanto necesitamos las dos a diario.


Mamá, sabes que por circunstancias de la vida, tuvimos que despedirnos para que yo empezara a hacer mi vida de casada. Aunque tú y mi papá nos suplicaron y nos mencionaron con insistencia los beneficios de vivir en provincia, el salir y formar nuestra familia lejos de ustedes también era una aventura para nosotros y una oportunidad de crecimiento, y te soy sincera, me dolió tanto como a ti tomar esa decisión y después adaptarme a un lugar desconocido para mi. Para ustedes el hecho de ver crecer de lejos a sus nietos era algo inexplicable, el saber que la amplitud y calidad de vida que hay allá no se compara con la de la ciudad y hasta la fecha seguirse cuestionando que cómo es posible teniendo allá la oportunidad de construir nuestra propia casa a nuestro gusto y tamaño, tuvimos que adquirir un departamento de 120 metros cuadrados donde ustedes dicen, es demasiado caro y pequeño para los cuatro.

A pesar de todo esto, tanto mi papá como tú, respetan nuestras desiciones y las apoyan. Nos procuran desde lejos, se preocupan y están más presentes que muchas de las personas que tenemos cerca. Valoran cada visita y nos esperan con emoción cada que tenemos la oportunidad de ir a visitarlos. Y, por sino lo saben, sus nietos esperan con ansias cada puente escolar o vacaciones de navidad, semana santa y verano para irse a casa de sus abuelos, ellos con ustedes son felices, ¿será porque en lugar de educarlos los abuelan?


Madre, como me has hecho falta en las enfermedades de mis hijos, en los días que parecen interminables cuando los niños se van de campamento y en las tardes cuando ellos tienen una reunión y se me antoja un café pero tomarlo contigo, en los días en que tengo que cumplir un compromiso y no estás tu para cuidármelos, en los días que tengo que acudir al médico yo sola porque mi esposo está en el trabajo, en las mañanas que añoro irme a desayunar y después de compras tu y yo como lo hacíamos antes, en las comidas los fines de semana, en esas salidas nocturnas de amigos en donde nos abstenemos mencionar que no podemos porque no tenemos quien nos ayude con los niños, está de más decirlo, pues nuestras amistades ya lo saben. En fin, todo esto y muchas cosas más las extraño, y sé que tu también en tus días te preguntas frecuentemente qué estaremos haciendo y quisieras, tanto como yo, estar aquí, presente. Afortunadamente tenemos ya la tecnología a nuestro alcance, en donde un mensaje, una llamada o un mensaje de voz es “suficiente” para sentirnos cerca.


Gracias mamá, porque ahora, después de varios años que no vivimos en la misma ciudad, me has dado la fortaleza y positivismo para que yo, junto con mi familia, seamos felices así, los cuatro juntos, a ser autosuficiente y no depender de nada ni de nadie. Gracias porque con tu ejemplo me enseñaste lo que significa la maternidad y ahora la sé desempeñar sin ti.


¡Gracias! Te ama eternamente, tu hija.


Escrito por: Gabriela García (Mamá de 2, Psicóloga, Educadora Perinatal-Doula y Asesora en Lactancia)




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