BENEFICIOS DEL PARTO EN AGUA

El parto en agua es un tipo de parto natural sin anestesia en donde la madre pasa la parte final del trabajo de parto dentro del agua, y ahí es donde el bebé nace. Actualmente hay pocos hospitales dentro de la Ciudad de México que tienen su sala de labor con tina, sin embargo, igual está la opción de partos en agua en casa en donde el personal capacitado cuenta con una tina especial para que el bebé nazca dentro de ella.


El parto acuático es sin duda una forma respetada y humanizada de nacer en donde el personal médico interviene lo menos posible respetando el tiempo de trabajo de parto de la madre. Comúnmente los partos en agua son acompañados por una Doula y por el padre del bebé, en donde el personal de salud brinda apoyo interfiriendo lo menos posible en el proceso y confiando en la naturaleza femenina de parir.


El parto en agua brinda muchos beneficios, el principal, es que el agua por sí misma es un analgésico natural, compruébalo metiéndote a la regadera, a un jacuzzi o alberca, verás como te relajas después de un día agitado, pues el agua reduce niveles de miedo y tensión. Al relajarse, el cuerpo se encuentra menos propenso a emitir hormonas relacionadas con la tensión (adrenalina) lo que permite la producción de endorfinas. Al disminuir la producción de adrenalina, aumenta la secreción de oxitocina.


Se ha visto que mujeres con hipertensión que pasan la labor sumergidas en el agua caliente, después de 10-15 min baja su tensión arterial. Según la Cochrane, las mujeres que pasan su trabajo de parto en el agua, no hay efectos adversos para la mamá ni el bebé.




El APGAR (una prueba que se le realiza al bebé al momento de su nacimiento y 5 min después en donde se le califican 5 factores) no se ve afectado en el parto en agua. Además, no hay infección materna ni fetal. El agua proporciona elasticidad en los tejidos del perineo reduciendo la incidencia y severidad de la rasgadura y la necesidad de episiotomía. A su vez, la antigravidez ayuda a que no haya presión en la vena cava y hay mejor flujo sanguíneo. También, con un parto en agua, se reduce el requerimiento del uso de anestesia y disminuye la sensación del “aro de fuego”.


Un beneficio muy importante es que se estimula el apego inmediato, el contacto piel con piel y el inicio de la lactancia. Como en cualquier parto, para el parto acuático existen indicaciones para practicarlo. En primer lugar, se necesita experiencia médica. Contar con un obstetra especialista en este tipo de partos. Que el producto sea mayor a 37 semanas de gestación, es decir, que el bebé sea a término. Que la madre tenga una dilatación cervical recomendable mayor a 5cm y meterse a la tina a los 6-7 cm de dilatación. Que la temperatura del agua sea de 35-38°C y debe cubrir hasta el abdomen. Es indispensable haber tenido un embarazo saludable con control prenatal. A su vez, también existen contraindicaciones para tener un parto en agua. Por ejemplo, que haya fiebre materna mayor a 38°C o que exista un sangrado vaginal excesivo. Cuando hay indicación de anestesia peridural, recuerda que en un parto en agua no es posible poner anestesia. Que haya una presentación anormal del bebé, meconio excesivo, que exista una condición que requiere el monitoreo continuo del feto. Que el parto sea distócico: cuando el parto presenta alguna complicación o cuando las contracciones no prosperan. Y por último, no se recomienda en parto gemelar.


A manera de conclusión, el parto en agua, con criterios de selección cuidadosos y atendidos por personal experimentado no afecta negativamente a la madre ni al neonato. Y como lo menciona Michel Odent (Obstetra francés): “El parto en agua no debe ser algo ni programado ni preconcebido, simplemente puede ocurrir si la mujer lo desea”.




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